Y de repente cuando piensas que ya nada puede ir peor aparece un rayito de luz,una ráfaga de aire fresco que te saca una sonrisa, una o varias.
Todo empezó un sábado de fiesta, decides montar planes con tus amigas para distraer a alguna que le va mal, pero en realidad es una excusa para aislarte de tus propios problemas. "Venga chicas nos lo pasaremos bien" y realmente piensas "Por favor, Dios, sopla". La noche avanza perfectamente, cena de sobaquillo, para quien no lo sepa es bocata mas algo que compartir, una forma divertida de hacer piña, alcohol y fiesta. Todo ha ido a pedir de boca, nos reímos y sobretodo nos olvidamos de los problemas. Y cuando estás apuntito de irte llega la bomba, el momento cumbre, aparece él. Yo no le conocía pero no sé que me impulsó a hablar con él, sin más le di mi número de teléfono.
No todo en esta vida es gris, si uno mismo pone de su empeño, lo gris se vuelve azul, la tristeza en alegría y la desilusión en esperanza.
Te vuelves a casa de fiesta con una alegría, con una esperanza espectacular.
Durante toda esa noche esperas que te hable, lo típico que sea él quien te llame. Pero yo no soy de tópicos, le hablé. Le pedí de quedar. Las cosas cambiaron.
Mis amigas me piden que lo describa, pero realmente solo puedo describirlo con una palabra RARO, tal vez dos, DIFERENTE.
La primera vez que quedamos, me temblaba hasta los dedos de los pies. Era tarde y él apareció en un coche pequeño, negro.
+¿Qué coche llevas?
-Pues es un coche pequeño, lo llamo Clio porque adolescente no es.
Raro.
Helado, paseo por la playa, nueva amistad.
Todo empezó con una tontería, un "quiero conocerte" seguidas de frases como "no te enamores de mi" o "me echarás de menos cuando esté en Ibiza, lo sabes".
Hace unos meses mi grupo de amigas se desvaneció, eramos muchos y nos quedamos pocos. Ahora, poco a poco, paso a paso voy haciendo nuevas amistades, nunca superarán las anteriores, todo es distinto, pero "tras una buena tormenta siempre llega la calma"
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