Cuando entré allí estaban todos, como siempre, sonrientes, trabajando.Delante de mi estaban las tarjetas de navidad, la mía hace un año estaba allí colgada en el segundo premio. Que recuerdos.
Pasé por la cantina y estaba Paco. Paco, ese que hizo que conociera Roma y Florencia. Ese que hizo que esa semana de fallas fuera la mejor semana de fallas de mi vida. Que recuerdos, no pude no entrar en la cantina y saludar. Sé que no me llevo tan bien con él después de haber pasado el peor curso de mi vida soportándolo. Es pesado y creído.
Fui a secretaría cuando estaba esperando apareció Manolo, el psicopedagogo. Decíamos que él y Paco eran pareja, ya que nunca se separan. -Pero que chica mas guapa está por aquí.- La verdad es que es un encanto este hombre. Que recuerdos, que melancolía.
Cuando iba a salir pregunté por varios profesores, todos estaban en clase... maldita sea. Me apetecía desear una feliz navidad y todas esas cosas que se dicen en esta época y que pocos sienten.
Salí y un burbujeo y una explosión de sentimientos invadían mi cuerpo. Me volví sonriente y me volví riéndome ya que pasé por la palmera esa en la cual se cayó ella.
Realmente la universidad es otro mundo, se vive de forma distinta, pero yo echo de menos mi instituto, ese sitio que me ha visto crecer durante 6 largos años, con mis suspensos , mis aprobados, mis victorias y mis derrotas.
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